domingo, 29 de abril de 2012


        AUTISMO

El trastorno del espectro autista (ASD) es una gama de trastornos complejos del  neurodesarrollo, caracterizado por impedimentos sociales, dificultades en la comunicación, y patrones de conducta estereotípicos, restringidos y repetitivos.  El trastorno autista, a veces llamado autismo o ASD clásico, es la forma más grave de ASD.  Aunque ASD varía significativamente en carácter y gravedad, se produce en todos los grupos étnicos y socioeconómicos y afectos a todos los grupos etarios.  Los expertos calculan que tres de cada seis niños de cada 1,000 sufrirán de ASD.  Los varones tienen cuatro veces más probabilidades de tener ASD que las mujeres.
La característica distintiva del ASD es la interacción social deficiente.  Los cuidadores principales del niño generalmente son los primeros en notar los signos de ASD.  Ya desde la primera infancia, un bebé con ASD podría mostrarse indiferente a las personas o enfocarse intensamente en un objeto hasta excluir a los otros durante largos períodos de tiempo.  Podría parecer que un niño con ASD se desarrolla normalmente y luego se retrae y se vuelve indiferente a la actividad social.Carecen de empatía.
Muchos niños con ASD se involucran en movimientos repetitivos como mecerse y dar vueltas, o en conductas autoabusivas como morderse o golpearse la cabeza.  También tienden a hablar después que los otros niños y pueden referirse a sí mismos por el nombre en lugar de “Yo” o “mí.”  Los niños con ASD no saben jugar interactuando con los otros niños.  Algunos hablan con voces cantarinas sobre una gama estrecha de temas favoritos, sin importarles demasiado acerca de los intereses de la persona con la que están hablando.
ASD varía ampliamente en gravedad y síntomas y puede pasar sin ser reconocido, especialmente en los niños levemente afectados o cuando está enmascarado por impedimentos físicos más debilitantes.  Los indicadores muy precoces que requieren  evaluación por un experto incluyen:
·         no balbucear o señalar al año de edad
·         no pronunciar palabras únicas a los 16 meses o frases de dos palabras a los 2 años de edad
·         no responder a su nombre
·         pérdida del lenguaje o las habilidades sociales
·         contacto visual inadecuado
·         alineamiento excesivo de juguetes u objetos
·         no sonreír o mostrar receptividad social.
Los indicadores tardíos incluyen:
·         capacidad limitada para establecer amistades con pares
·         capacidad limitada para iniciar o sostener una conversación con otros
·         ausencia o deterioro del juego imaginativo y social
·         uso estereotípico, repetitivo o inusual del lenguaje
·         patrones de interés restringidos que son anormales en intensidad o enfoque
·         preocupación por ciertos objetos o sujetos
·         adherencia inflexible a rutinas o rituales específicos.
Los científicos no están seguros sobre qué causa el ASD, pero es probable que tanto la  genética como el ambiente jueguen un papel.  Los investigadores han identificado un número de genes asociados con el trastorno.  Los estudios de las personas con ASD han encontrado irregularidades en varias regiones del cerebro.  Otros estudios sugieren que las personas con ASD tienen niveles anormales de serotonina u otros neurotransmisores en el cerebro.  Estas anormalidades sugieren que el ASD podría producirse de la interrupción del desarrollo cerebral normal precozmente en el desarrollo fetal causada por defectos en los genes que controlan el crecimiento cerebral y que regulan cómo las células cerebrales se comunican entre sí, posiblemente debido a la influencia de factores ambientales sobre la función genética.  A pesar de que estos hallazgos son intrigantes, son preliminares y requieren más estudios.  La teoría de que las prácticas paternas son responsables del ASD se ha desmentido hace mucho tiempo.
No hay cura para el ASD.  Las terapias e intervenciones conductuales están diseñadas para remediar los síntomas específicos y pueden aportar una mejoría sustancial.  El plan de tratamiento ideal coordina las terapias e intervenciones que cubren las necesidades específicas de los niños individuales.  La mayoría de los profesionales de atención médica están de acuerdo con que cuanto antes sea la intervención, tanto mejor.



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